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¿Por qué veneramos a María?

abril 13, 2010

Hay que tener en cuenta que la Iglesia Católica ha aceptado fielmente este decreto divino de “adoración” en la persona de “Dios Padre” y en “Jesucristo” quien “es la imagen visible de Dios, que es invisible “, (colosenses 1, 15). “El es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es” (Hebreos 1,3). Los Católicos solamente a Dios Adoramos.

Que quede claro que los católicos no “adoramos” a María, sino que la “veneramos” (venerar significa según el diccionario: tener gran “respeto” a alguien por sus virtudes o cualidades; mientras que adorar es reverenciar y honrar lo Divino).

Entonces, veneramos a María porque es ella la mujer escogida por el Padre Eterno, para que fuera la madre de su “hijo unigénito” pues “la mujer dio a luz un hijo varón, el cual ha de gobernar a todas las naciones con cetro de hierro” (Apocalipsis 12, 5), (Lucas 1, 32- 33).

 

 

Evidencias bíblicas de la veneración a la Virgen

Por esta razón, el ángel San Gabriel recalca que María es “la favorecida de Dios” (Lucas 1, 28); y su prima Santa Isabel la llama “Bendita entre todas las mujeres” (Lucas 1, 42); es también la “nueva Eva” , anunciada desde el principio en el libro del Génesis después de la desobediencia de nuestros primeros padres en el paraíso, cuando “Dios el Señor” le dijo a la serpiente : “Haré que tu y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia” (3, 15).

Por otra parte, de la vida de María sabemos que era una joven de raza Judía de unos 15 años de edad, que vivía en el pequeño pueblo de Nazaret (Israel), y estaba comprometida en matrimonio con José, descendiente del rey David (Lucas 1, 26 – 27), hombre ” justo” o ” santo” (Mateo 1,19). Igualmente, las Escrituras nos aportan una valiosa información sobre las virtudes en ella, como la obediencia absoluta al mandato de Dios, al responder al ángel “Hágase en mí según tu palabra”, y su humildad llamándose así misma como la “esclava del señor” (Lucas 1, 38).

La concepción del Hijo de Dios, es fruto del Espíritu Santo y el poder del Dios Altísimo, que descansó sobre ella como una nube (Lucas 1,35); tal cómo sucedía cuando Yahvé descendía en la Tienda del Encuentro del Santuario, construido por Moisés (Éxodo 40,35). Por eso, la Virgen María es llamada por los católicos como el “nuevo Santuario”.

También se destaca La pobreza en que vivía con su esposo, ya que “sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. Y allí nació su primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón” (Lucas 2, 6 – 7). Su angustia al encontrar después de tres días de desaparecido a Jesús de doce años, sentado entre los doctores de la ley en el templo de Jerusalén (Lucas 2, 48), guardando todas estas cosas en su corazón (Lucas 2, 51).

La fidelidad a su Hijo en la bodas de Caná, al indicarle a los que estaban sirviendo el vino ” Hagan todo lo que Él les diga” (Juan 2,5); y en el Pentecostés, cuando recibe el Espíritu Santo en forma de llamas de fuego, en compañía de los once apóstoles, los parientes de Jesús y otras mujeres (Hechos 1, 12 – 14).

Del mismo modo, el dolor de toda buena madre al ver a Cristo clavado en la cruz lleno de heridas y golpes en todo el cuerpo (Juan 19, 25; Isaías 52, 13 -14), hasta el punto que era como si una espada le traspasara su alma. Cumpliéndose así la profecía de Simeón, cuando el pequeño Jesús fue presentado por sus padres en el templo de la Ciudad Santa según la ley mosaica (Lucas 2,22-35; Juan 19,31-34). Sin embargo, y a pesar del agotamiento físico y la cruel agonía en el madero, el Mesías antes de Morir sacó fuerzas suficientes para encomendar el cuidado de su madre, a Juan, el “discípulo amado”, quien “la recibió en su casa” (Juan 19, 26-27).

Por todos estos argumentos bíblicos, la Iglesia Católica reconoce que María es la “Madre del Señor” (Lucas 1,43), quien tomó la naturaleza humana al nacer de su vientre para traer la salvación a toda la humanidad (Gálatas 4,4; Filipenses 2,6-8).

Como si fuera poco, la Santísima Virgen proclama que todas las generaciones la llamarán “Bienaventurada” porque el Todopoderoso ha hecho en ella grandes cosas (Lucas 1,48 – 49); y en el último libro de la Biblia, llamado el Apocalipsis (o Revelación), la muestra como una “reina radiante” pues “apareció en el cielo una gran señal: una mujer envuelta en el sol como en un vestido, con la luna bajo sus pies y una corona de dos estrellas en la cabeza” (Apocalipsis 12, 1).

Por toda esta evidencia bíblica repetimos con Isabel “Bendita seas María”. Lc 1,48

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Hermano católico, no olvides que como cristianos que somos, debemos de buscar cómo renovar nuestra vida en Cristo (Jn 15,1-7) e impulsar nuestro apostolado para traer a mucha gente a los pies de Jesucristo (Mt 28,18-20) y no dejar esa labor a las sectas o iglesias protestantes que no poseen la plenitud de los medios de salvación.

 

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